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La mujer virtuosa



Les comparto una meditación muy hermosa que me envió Lucho (Luis Pizarro) acerca del papel de la mujer en la familia.
Vemos cómo se cumple en él, la voluntad de Dios al crear a la mujer: Ser compañera y auxiliar de su esposo.
El esposo puede ir a trabajar y cumplir con sus responsabilidades, con la confianza de que su mujer se hace cargo de sus hijos y de su casa.
Esto no quiere decir de ningún modo, que la mujer no trabaje fuera de casa o en su casa; si no que se hace cargo de sus responsabilidades, delegando en sus hijos responsabilidades, como su esposo delega en ella la responsabilidad del hogar. La Biblia no está hecha para leerla y aplicarla tal cual está escrita, sino para hacerla nuestra en nuestras circunstancias. Antes las mujeres hilaban y hacian su propia ropa, ahora muchas salen a trabajar, otras trabajan en casa, otras no trabajan, pero se hacen cargo por completo de sus hijos.
Se menciona a la mujer virtuosa como a la mujer trabajadora, responsable con sus hijos, sí. Pero algo muy importante: PIADOSA con los demás. Por favor lee atentamente lo que dice y aplícalo a tus circunstancias.
Tampoco quiere decir que el hombre sea más o mejor que la mujer, quiere decir que cada uno tiene su responsabilidad dentro de la pareja y dentro de la familia y el papel de cada uno es distinto y complementario.

Te adjunto mi reflexión de la misma. Usaré la Biblia de Jerusalén edición 1998.

PROVERBIOS 31, 10-31

10.- ¿Quién encontrará a una mujer ideal? Vale mucho más que las piedras preciosas.

La traducción latina ha influido en la castellana, vertiendo ESE-HAYIL como, “la mujer fuerte”. Pero no es ése el significado que HAYIL tiene en este contexto, que, al igual que su correspondiente latino VIS, significa no sólo “fuerza”, sino “riqueza”, “posesiones”, “bienes”. Y en cuanto a ESET, no es simplemente la “mujer”, sino la “esposa”; de modo que ESE-HAYIL significa la “esposa hacendosa, industriosa o diligente”. La interrogación: ¿quién encontrará? Es una interrogación retórica, que requiere respuesta negativa, absoluta relativa, y cuyo fin es ponderar cuán difícil es encontrar semejante esposa.

“Piedras preciosas” es significación incierta. La tal esposa vale más que las piedras preciosas y muy difíciles de encontrar una mujer buena.

El libro de proverbios termina con un precioso poema alfabético que constituye una de las piezas más bellas de todo el libro. Contiene el elogio de la mujer hebrea como esposa, como madre y como ama de casa, presentándola como el tipo de mujer ideal: sabia y prudente, temerosa de Dios, fiel cumplidora de sus deberes, amante del trabajo, hábil y previsora, gloria de su esposo y de sus hijos, noble y caritativa para con sus domésticos.

11 Su marido confía plenamente en ella, pues no carecerá de nada.

12 Le da beneficios sin pérdidas todos los días de su vida.

La primera persona que percibe los beneficios de ese DON de Dios es su propio marido. Puede confiar en ella y dejar en sus manos el gobierno de la casa cuando él tenga que ir a sus negocios, porque es hábil administradora de su hogar, en el que, por lo mismo jamás faltará cosa alguna al esposo que no recibirá de ella más que alegría y satisfacción durante los días de su vida. Con razón dice el Eclesiástico: “Dichoso el marido de una mujer buena, el número de sus días se duplicará”. (26,1-2).

13 Adquiere lana y lino y los trabaja con finas manos.

14 Es como un barco mercante que trae de lejos sus provisiones.

15 Se levanta cuando aún es de noche para dar el sustento a su familia y las órdenes a sus criadas.

La mujer fuerte es en primer lugar laboriosa: se procura lana y lino y con sus manos confecciona lienzo y vestidos (Jos. 2,6; Dt. 22,11; Os. 2,5.9), labor que en aquel tiempo realizaban las mujeres. Y con su trabajo viene a ser fuente de riqueza para el hogar, como el mercader que marcha a lejanas tierras y hace un buen negocio. Es activa y diligente: se levanta muy temprano y, cuando llega la hora, tiene preparada la comida para su familia y disfruta la tarea para los criados, de modo que todos puedan comenzar a su debido tiempo el trabajo.

16 Examina y compra tierras, y con sus propias ganancias planta viñas.

17 Se arremete con decisión y trabaja con energía.

18 Comprueba si sus asuntos van bien y ni de noche apaga su lámpara.

19 Echa mano a la rueca y sus dedos manejan el huso.

20 Tiende sus manos al necesitado y ofrece su ayuda al pobre.

Ella da a todos ejemplos de laboriosidad, no contentándose con el trabajo del día, cuando, llegada la noche los quehaceres de la jornada quedaron atendidos, ella toma en sus manos la rueca, y de la lana prepara el hilo que después utilizará para la confección de sus vestidos.

Es interesante el versículo 18 donde se menciona la “lámpara”. La lámpara es signo de prosperidad (13,9; 24,20), y su extensión de calamidad (Jer. 25,10; Job. 18,6). Aún en los tiempos adversos, la casa de tal mujer es próspera. Pero la mujer virtuosa que nos describe Proverbios no guarda codiciosamente para sí el fruto de su trabajo, de sus desvelos. Caritativa y misericordiosa, hace partícipes de él a los pobres y menesterosos. Lo que, sin duda contribuye a que Dios haga fructificar su trabajo, conforme lo que dice el sabio: “A Yahvé presta el que da al pobre, El le dará su recompensa” (Prov. 19,17).

21 Su casa no le teme a la nieve, pues todos los suyos llevan vestidos forrados.

22 Se confecciona sus mantas y viste de lino y púrpura.

23 Su marido es reconocido en la plaza, cuando se sienta con los ancianos del lugar.

24 Teje y vende prendas de lino y proporciona cinturones a los comerciantes.

Y es también provisoria para los suyos. Nadie en su casa tiene que temer el frío de la nieve; si bien ésta es rara en Palestina, la mujer fuerte ha tomado precauciones contra toda eventualidad. Todos tienen vestidos dobles, confeccionados por ella, con que hacer frente a toda intemperie: para sus camas ha preparado fuertes coberturas, y sus arcas encierran vestidos de LINO FINO. El término hebreo significa material fino que se hacía de lino o una mezcla de lino y algodón y era importado la mayor parte de Egipto, y de púrpura, material colorante que se obtenía de unos mariscos del Mediterráneo y cuya preparación era una importante industria fenicia (Juec. 8,26; Jer. 10,9; Cant. 7,10), tales vestidos eran propios de círculos ricos y distinguidos. Y todo ella fruto de su trabajo y previsión. Naturalmente, su marido es un hombre celebrado por los ancianos en las puertas de la ciudad; donde tenían lugar sus asambleas (Juec. 8,14; 2 Sam. 19,8; Job. 29,7) porque halló tal mujer, y todos celebran su felicidad.

Más todavía: las manos hábiles y laboriosas de la mujer virtuosa no sólo dan abasto las necesidades de la casa, sino que confeccionan también túnicas de lino y cinturones, que utilizaban entonces hombres y mujeres, y eran a veces muy valiosas (Dn. 105); con el precio de su venta a los mercaderes podía ella adquirir otros productos, como el lino y la púrpura.

25 Se reviste de fuerza y dignidad y no le preocupa el mañana.

26 Abre su boca con sabiduría y su lengua instruye con cariño.

27 Vigila la marcha de su casa y no come el pan de balde.

28 Sus hijos se apresuran a felicitarla y su marido hace su alabanza:

29 Hay muchas mujeres valiosas, pero tú las superas a todas”

30 Engañosa es la gracia y fugaz la belleza; sólo la mujer que respeta a Yahvé es digna de alabanza.

31 Agradecedle el fruto de su trabajo y que sus obras la alaben en la plaza.

Y esa vida virtuosa y de trabajo da a la mujer una fortaleza que admira, y hasta la revisten de una gracia que se refleja en sus actos y la eleva por encima de las demás mujeres, y de una confianza y seguridad que la hacen sonreír ante el futuro.

Las mujeres suelen hablar mucho y no pocas veces necia e imprudentemente. A la mujer fuerte, su conducta sabia y virtuosa le dicta consejos llenos de sabiduría y palabras llenas de bondad y benevolencia para con su prójimo, sin dejarse vencer por la vanidad, la mentira, la indignación. Una madre de familia debe velar sobre la conducta de sus hijos, vigilar el comportamiento y costumbres de los domésticos. La mujer fuerte que descubre el sabio cumple a la perfección con estos deberes, de modo que no come el pan de la ociosidad, sino legítimamente ganado con su trabajo, con sus cuidados y desvelos.

Cuando sus hijos crecieron y se percataron de las virtudes y cualidades que adornaban a su madre, la proclamaron bienaventurada. Y su esposo hizo de ella el más cumplido elogio, prefiriéndola a todas las mujeres.

Bienaventurados también los hijos que encontraron tal madre: nunca sabrán agradecer suficientemente el beneficio que les supone. Y bienaventurado el esposo, que no dejará de bendecir el momento en que Dios le proporcionó tan estimable compañera.

Maravillosa lección con que termina el libro. La mujer busca con afán y desvelo la belleza corporal, con el fin de agradar y conquistarse el amor de los demás. Pero la gracia exterior y la belleza del cuerpo engañan muchas veces y siempre presto se marchitan; la experiencia añade que no raras veces son peligrosas y llevan al pecado. Lo que en realidad vale es el temor de Dios, y la mujer que hace de él la norma de su vida es la verdaderamente digna de alabanza, porque aquel lleva consigo la práctica de las virtudes que agrada a Dios y hace descender su bendición, preludio de bienes duraderos y perdurables. Y su alabanza merece traspasar los umbrales de su casa y el círculo de sus amistades. Su virtud merece ser elogiada públicamente en las puertas de la ciudad, donde se reunía el pueblo y donde los ancianos de la ciudad que formaban el consejo de la misma tenían sus asambleas.

Y para terminar: el autor no ha ido a buscar la mujer fuerte a un trono, ni a un palacio suntuoso, ni en los consejos del rey, ni en medio de las asambleas; va más bien a buscarla en la condición común y ordinaria en la cual Dios ha querido colocar a la mujer, es decir, en su misión de esposa, de madre, de ama de casa y hasta de señora de los campos, porque es solamente en esta condición sencilla y modesta en la que ella está llamada a mostrarse fuerte, lo que significa inteligente, activa, provisoria, ordenada en todas las cosas, únicamente ocupada en la práctica de sus deberes y de la virtud.

Las naciones paganas que habían asignado a la esposa un grado subalterno y una misión casi oscura en la casa del esposo, jamás tuvieron para la mujer semejante elogios. Con la llegada del cristianismo, la mujer ocupa su lugar por excelencia: la mujer cristiana.

En Cristo Resucitado

Lucho

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