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El aborto

Estando tan cercano el Día de la Madre, en que se festeja a aquella que ayuda a traer al mundo a los hijos portando durante 9 meses a un ser humano, no quise dejar pasar por alto el tema del aborto, que va en contra de la misión que Dios confiere a la mujer. Y al hombre como padre.

Ha sido muy polémico. Son dos las posiciones que se contrapuntean.
Por un lado, la fé, la naturaleza con que fuimos dotados por Dios nos indican el SI A LA VIDA.
Por el otro lado, los intereses de los hombres, nos indican NO.

Se habla mucho de la mujer cuando se habla del aborto. Si se respeta la vida de la mujer; si la mujer es la que toma la decisión; si ella como la portadora de la vida en su vientre es la que tiene la responsabilidad de un niño. Y yo digo que no es así.

Cada mujer al embarazarse toma la decisión de traer a un ser humano a éste mundo. Dicha decisión es tomada en base a sus creencias, a su educación, a su formación como persona, etc.

Yo creo que a una mujer desde niña debe hacersele consciente del respeto que se debe a sí misma, a los demás, pero sobre todo del respeto que se debe tener a Dios creador de toda vida.

Pero la misión de engendrar a un niño no es sólo de la mujer, el hombre debe ser igualmente educado en los mismos valores de respeto a la vida. Porque un ser humano no se engendra sólo por la mujer. Se necesitan dos para hacerlo y tanto la mujer como el hombre deben tener conciencia por igual de la importancia de la vida.

Y es ahí en donde fallamos como sociedad. El hombre debe ser consciente de su responsabilidad tanto como la mujer y viceversa. Somos dos personas semejantes, iguales en la dignidad de seres humanos hijos de Dios y distintos físicamente. Y ambos formamos el género humano. Así que es entre ambos que se toma la decisión de un aborto o no.

Por lo tanto, creo que la educación no sólo académica sino en valores trasmitidos desde su formación en el vientre, fomentados en un ámbito familiar adecuado son la solución a los muchos conflictos que enfrentamos como seres humanos, entre ellos, el aborto que es definitivamente la negación del ser humano por el mismo ser humano.

Te comparto dos artículos que puedan ayudarte a conocer acerca del tema.

Médicos sin Fronteras reconoce practicar abortos en países donde está prohibido
http://www.intereconomia.com/la-gaceta

“Las consideraciones médicas tienen que estar por encima de las legales”, razonan desde el Servicio de Atención al Socio de MSF en respuesta a una carta de protesta.

La organización Médicos Sin Fronteras (MSF) cuenta entre sus actividades con un completo plan de “salud sexual y reproductiva” que desarrolla en “contextos humanitarios”, y que incluye asistencia para “prevenir muertes, enfermedades y discapacidades relacionadas con embarazos no deseados”, tal y como se desprende de su propia información oficial. Sin embargo, esta “asistencia humanitaria” no excluye la práctica de abortos, área en la que reconocen como uno de sus retos la mejora de “la respuesta médica para que sean seguros”.

Aunque reserva un discreto lugar en su web española a lo que llaman “aborto terapéutico”, no se muestra tan cauto cuando se trata de responder a las preguntas de quienes escriben sorprendidos al conocer tales prácticas. LA GACETA ha tenido acceso a un correo electrónico enviado por la organización, en respuesta a una usuaria de la web de MSF, que mostraba su extrañeza por el hecho de que una ONG humanitaria practique abortos. La respuesta del Servicio de Atención al Socio de MSF no deja lugar a dudas sobre las políticas de “salud sexual y reproductiva” que sigue la organización.

“Las actividades en salud reproductiva de MSF tienen como objetivo evitar los abortos mediante medidas preventivas y salvaguardar la integridad y la salud de la madre”, escriben al comienzo de su correo, “en los casos en que esta prevención no es posible, y siempre dentro de los supuestos legales, se forma a los equipos médicos para la realización de abortos seguros según las recomendaciones de la OMS”.

Después de reconocer que sus equipos practican abortos, los portavoces de la ONG añaden que incluso los llevan a cabo “en algunos países a pesar de ser ilegal”, justificando que en estos casos “MSF prioriza la vida de la madre”, y añade como argumento fundamental que “las consideraciones médicas tienen que estar por encima de las legales”.

Posteriormente, el comunicante pasa a entrecomillar la política oficial de la organización al respecto: “Allí donde se imponen restricciones legales al aborto, aunque MSF acatará la legislación nacional al respecto, la organización nunca discutirá el derecho a practicar un aborto terapéutico si una evaluación médica determina que la vida y la salud de la mujer están en peligro”. Concluyen advirtiendo que “el equipo médico tomará la decisión caso por caso y buscará soluciones dentro del marco legal”.


Prólogo
La ONG va más allá de estas indicaciones genéricas, y concreta sus políticas abortivas con un protocolo de actuación interno que manejan aquellos cooperantes de la organización que trabajan en países en los que el aborto está considerado un delito. Según denunció la Fundación Vida, un informe interno del Centro Operativo Barcelona-Atenas (OCBA) de MSF detalla cómo han de proceder los médicos para afrontar un aborto en países donde esta práctica es ilegal, para evitar problemas con la justicia. Entre las recomendaciones se alude a la participación de “un equipo extranjero”, “sin la asistencia del personal nacional, si es posible”, y se reitera la importancia de elegir “un lugar confidencial” para practicar la intervención.

Desde que en el año 2004 el Consejo Internacional de MSF diera luz verde a ofrecer el aborto “como una parte de los cuidados sanitarios especializados en reproducción”, estas prácticas se han ido normalizando en las misiones humanitarias de la organización. Hasta el punto de que el citado informe interno señala que “todas las delegaciones” de MSF-OCBA “deben contemplar la práctica del aborto en cada proyecto, sean cuales sean las razones de cada petición”.

En esta misma línea, en una memoria sobre su actuación en Corea del Norte a la que ha tenido acceso LA GACETA, la organización reconoce que facilitó material quirúrgico ginecológico, sabiendo que se emplearía para la práctica de abortos, admitiendo que “el 50% de los pacientes hospitalizados por motivos ginecológicos son por abortos”. La organización justificó esta actuación afirmando que el instrumental quirúrgico ginecológico de los hospitales en los que desarrollaban su proyecto era un foco de infecciones que estaba ocasionando graves problemas de salud.

Si en 2001 un portavoz de MSF justificaba los “servicios integrales de salud reproductiva” de emergencia, asegurando que “en algunos países el aborto es una parte importante de la planificación familiar”, actualmente, desde la organización, se alude una y otra vez al concepto de “seguridad”. Como muestra, la concisa garantía que luce en el apartado “abortos inseguros” de la versión internacional de su web oficial: “Médicos Sin Fronteras asegura que los abortos se realicen de forma segura”.



  • Por qué me opongo al aborto.

  • bebe_linceDisclaimer: Los que me conocen un poco saben que los motivos que me han llevado a ser pro-vida no son exactamente religiosos, aunque aprovecho para aclarar que nunca he negado mi vivencia de Fe y que, a pesar de mis públicos desacuerdos con ciertos sectores del clero católico, no considero que mi religión sea nada de lo que deba avergonzarme (como tampoco considero que no tener Fe lo sea)

    La Fe es una vivencia muy personal, que nace dentro de uno y no se puede imponer por decreto.

    Pero no he empezado este post para hablarles de religión, sino para pronunciarme, una vez más, contra la despenalización del aborto (y contra la eutanasia) en toda circunstancia.

    Repito, los que me han conocido algún tiempo saben bien que me del mismo modo que me opongo al aborto, también me opongo y con el mismo ímpetu a la pena de muerte y a la eutanasia. Por las mismas objeciones de carácter moral, porque es quitar la vida de alguien más.

    Pero creo que la principal razón por la que me opongo es porque la muerte es irreversible. No tiene retorno. Abortar o aplicar la eutanasia, o enviar a alguien al patíbulo, son generalmente situaciones a las que se llega bajo un tremendo estrés, en las que se llega a sentir que esto es la única solución. Ojo, que digo sentir, no pensar, porque cuando uno está pasando alguna de esas situaciones extremas es muy fácil no pensar con claridad, es terriblemente fácil equivocarse.

    Hay muchísimos testimonios (libros, páginas web, etc.) de mujeres que abortaron y que años después se arrepintieron. Les dijeron que con un aborto se libraban de un problema en media hora. Pero no les dijeron que el recuerdo no las abandonaría nunca. Y cuando años después se arrepintieron, ya no había vuelta atrás.

    Lo que tienen casi todos estos testimonios en común es que las mujeres señalan que no recibieron ninguna ayuda, y que de una u otra forma fueron inducidas, por las circunstancias, por la desesperación o por terceras personas, a creer que el aborto era la única salida.

    No les voy a hablar de cielos, infiernos, ni de fenómenos sobrenaturales. El hecho concreto es que la vida, tal como la conocemos, biológicamente, es una sola. La muerte no tiene regreso, y elegir algo que conduzca a una muerte es elegir algo que no nos da oportunidad de reparar ningún error. Y el aborto, la eutanasia y la pena de muerte son de esas decisiones que implican llevar a un ser vivo a la muerte.

    Yo no me considero libre de tomar decisiones equivocadas. Pero tampoco veo porqué otro ser tan humano como yo sí debería creerse perfecto y libre de equivocaciones. El tener un título de Médico o de Filósofo no convierte a nadie en un ser infalible.

    La ciencia tampoco está libre de dudas ni de errores; ni tiene todas las respuestas, y tampoco es infalible. De hecho, se ha equivocado muchas veces. Por no mencionar que los científicos se equivocan, y a veces mucho, porque frente a su deber metodológico anteponen sus intereses, sus preconcepciones o su propio orgullo o ambiciones. De los errores de la ciencia, la historia nos muestra muchos ejemplos.

    El hecho es que, aún con un riguroso control metodológico, mucho de lo que la ciencia considera un hecho hoy, podría ser considerado como un error dentro de 20 años.

    Alguien, lanzándome una indirecta vía Twitter, dijo que “dudar es ser libre” o algo así. De acuerdo: correcto. Precisamente por eso es que soy pro-vida; porque dudo, porque de verdad no tengo la certeza de que ese óvulo fertilizado, ese embrión, no se pueda considerar como un ser humano.

    Lo que esa persona que me animaba a dudar y a dar margen a otras dudas no se ha detenido a pensar es en ¿y si es ella (o él) quien se está equivocando?

    Justamente porque dudo yo no siento que tenga derecho a considerarme dueña de la verdad, como la mayoría de los pro-choice sí parecen sentirse. Y por eso invoco el principio de las dudas razonables. Si existen indicios razonables para suponer que existe la posibilidad de que el aborto implique negarle el derecho a la vida a un ser humano, ¿por qué cerrar los ojos y negarnos a ver que esos indicios existen?

    No hace mucho, los dueños de esclavos reclamaban tener el derecho de disponer de la vida de sus esclavos. Hoy ya no pensamos de esa manera; pero, incongruentemente, ahora se nos quiere hacer pensar que podemos disponer de la vida de un niño indefenso dentro del vientre materno. ¿Qué clase de avance para la humanidad es ése?

    Plantear que el tema del debate es “respetar la libertad de elección”, implica lo que importa es el mero hecho de elegir y no el objeto de la elección; que lo que escogemos es irrelevante. Lo cual no resiste el menor análisis lógico. Es claro que no todas las elecciones son iguales; para empezar, hay elecciones que sólo nos afectan a nosotros y elecciones que afectan a otros.

    Yo puedo elegir cosas tan disímiles como comprar un artículo, hacerme la liposucción, meterme en política, o divorciarme; o puedo elegir matar a mi jefe, unirme a una banda de narcotraficantes o dedicarme a producir pornografía infantil. Puedo escoger; pero es claro que ni todas esas elecciones son iguales ni tienen las mismas implicancias.

    Es claro que el hecho de elegir por sí solo no legitima per se aquello que hemos decidido. Y por supuesto que las distintas cosas que elegimos no tienen igual relevancia, no tienen iguales consecuencias, y no todas son aceptables.

    Sin embargo, la posición “pro-choice” nos plantea ilógicamente que el aborto es aceptable simplemente porque la mujer lo eligió libremente. Sólo por el acto de elegirlo. Cuando en realidad hay que examinar primero qué es lo que se está escogiendo.

    Igualmente endeble es el argumento de que “es el cuerpo de la mujer” (falso, es la vida del feto la que está en juego) y que por tanto el Estado no tiene por qué impedir “decisiones personales”. El Estado a través de las leyes de hecho prohíbe y penaliza muchas “decisiones personales” y alienta otras.

    Si el Estado no toma medidas para impedir que las “decisiones personales” de los estafadores, falsificadores, ladrones, bígamos, defraudadores, conductores ebrios, violadores, drogadictos, etc., sigan dándose libremente y afectando a ciudadanos inocentes, pues… no pasaría mucho tiempo sin que salga alguien a pedir a gritos que el Estado intervenga.

    De otro lado, El Estado me obliga a enviar a mi hija a la escuela, por ejemplo; no me obliga a casarme pero sí norma que sólo puedo hacerlo con una persona a la vez; me obliga a pagar impuestos, me obliga a votar.

    Si la justificación para despenalizar el aborto es que “es un drama y una realidad innegable, siempre ha existido y va a seguir sucediendo,” entonces, pues con esa misma lógica, cuando intenten meterse a robar a nuestras casas no sólo no hay que olvidarnos de tratar impedir que nos roben, sino más bien abrirle la puerta al ladrón, saludarlo, invitarle de cenar y hasta darle un costal para que se lleve todas nuestras cosas. Total, si la delincuencia es un drama, una realidad innegable y va a seguir sucediendo, entonces para qué tratar de impedir que nos roben para qué penalizar el robo y para qué castigar al ladrón?

    Si los seres humanos fuésemos perfectos quizá no harían falta leyes ni códigos penales. Pero el hecho es que no somos perfectos, y que las leyes existen, entre otras cosas, para normar la coexistencia social, para asegurar un mínimo de orden que permita que la sociedad funcione, para protegernos de las consecuencias de los actos de otros, o para castigar y sancionar penalmente ciertos actos que se cometen.

    Y el hecho es que que necesitamos leyes para proteger el derecho de quienes no pueden defenderse por sí mismos. Por eso es que no apoyo la despenalización del aborto.

    El caso de Karen Llantoy, caso bandera de las feministas peruanas, es sintomático.

    Antes de ese caso, el lobby pro-aborto batallaba por que se reglamente el “aborto terapéutico”. El médico que le negó el aborto adujo que en su caso no procedía porque la vida de ella no estaba en peligro. La anencefalia no amenaza la vida de la madre. Quien iba a morir no era ella sino el bebé. El director del hospital indicó que se trataría de un aborto “eugenésico”, que es algo muy distinto. El “riesgo” que corría Karen Llantoy continuando el embarazo era (ver el documento posteado por Silvio Rendón en su GCC) “angustia e inestabilidad emocional” y luego “depresión”. Y para la angustia, depresión, inestabilidad y estrés hay una serie de tratamientos.

    Karen Llantoy declara que “tuvo que soportar el dolor de ver a su hija con deformidades evidentes y de saber que sus horas estaban contadas”. Dicen que “la obligaron a amamantar” a una criatura que iba a morir. Quejarse de esto me parece incomprensible. Si yo supiera que mi hija padece de alguna enfermedad que la condena a muerte, querría estar con ella hasta el final; querría tenerla en mis brazos y poder despedirme de ella. Si fuera una bebé querría tener el recuerdo de haberla abrazado, amamantado, decirle que siempre la recordaré, aunque hubiera nacido deforme. Querría estar con ella el tiempo que le quedara. Cualquier madre haría lo mismo.

    La misma Llantoy dijo a la revista Caretas que de entrada pensó en un aborto clandestino pero que “no le pareció correcto“. Dijo también en esa misma entrevista que “En la desesperación de no saber qué hacer, con la incertidumbre de desconocer lo que podía ocurrir, y por recomendaciones de personas cercanas a mí, decidí hacerlo público con la esperanza de que alguien me ayudara a resolver la situación…”

    A mí lo que me parece es que el lobby pro-aborto no tuvo escrúpulos en utilizar a una jovencita asustada. Y que en vez de apoyarla para superar su comprensible y lógico dolor, se aprovecharon de su inexperiencia, su indefensión y sus miedos para lograr sus propios fines políticos. Mujeres utilizando a otras mujeres. Incoherente, por decir lo menos.

    Y claro, volviendo a la actualidad, lo que el lobby pro-aborto pide ahora es, ¿coincidencia? el “aborto eugenésico”. Ya que no les ha dado resultado batallar por el “aborto terapéutico,” ahora han cambiado de estrategia y la movida es clarísima: han invertido mucho esfuerzo, tiempo y publicidad en el caso de Karen Llantoy para permitir que quede en nada.

    Si se legaliza efectivamente esta modificación del Código Penal, van a buscar la manera de reabrir el caso e insistir en que el Estado le pague una indemnización. Porque si lo logran, eso va a ser una victoria política muy visible para el lobby pro aborto. Porque finalmente, de eso es de lo que se trata. Se trata de legalizar la vía de entrada para el negocio de los abortos. No de Karen Llantoy ni de su bebé.

    El aborto “eugenésico” va sentar un peligroso precedente para que, en el futuro, se plantee el aborto de fetos con enfermedades congénitas, deformidades físicas o síndrome de Down.

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